Historia

L a ocupación humana en el actual término municipal de Bana debe remontarse al Paleolítico. Pero será durante la Edad de los Metales cuando las tierras ocupadas, de forma clara, por comunidades que basaron su modo de vida en la agricultura cerealística y en la ganarería, surgiendo además la práctica de la metalurgía.

Con la llegada de los influjos coloniales del Mediterráneo oriental (fenicios y griegos), hacia los siglos VIII-VII a.n.e; el poblamiento se incrementa de forma notable surgiendo grandes núcleos habitados que se rodean de fuertes murallas, como Torreparedones. Estas urbes, gobernadas por élites de rango aristocrático, alcanzarán durante la época ibérica un alto grado de desarrollo que se plasma en la construcción de notables monumentos (la mayoría de carácter funerario) decorados con esculturas de animales.

Durante la época romana el término de Baena fue ocupado intensamente. La mayoría de los yacimientos catalogados hasta la fecha se abscriben a estos momentos, y además hay que reseñar que varios de ellos alcanzaron el rango de municipio o colonia.

Las actuaciones arqueológicas en el casco urbano de Baena concretamente en la iglesia de Santa María La Mayor, en la zona de la Plaza Palacio y en el castillo han puesto al descubierto restos materiales anteriones a la época bajo-medieval, aunque las fuentes escritas indican que el lugar fue ocupado tras la invasión islámica de la Península Ibérica.

Baena es testimonio vivo de su propia historia. El topónimo de Baena procede de árabe Bayyana que, a su vez, es la transcripción del nombre de una de las múltiples villas romanas que perviviría hasta la época visigoda y que en el siglo VII los invasores árabes-beréberes escogieron como lugar de asentamiento, fortificándola.

Las primeras noticias sobre la Baena musulmana se remontan al siglo IX con motivo de la rebelión muladí encabezada por Umar ben Hafsún, quien se apoderó del lugar en el año 899. Poco después, hacia el año 929 se convierte en la capital de la cora de Cabra. Del castillo musulmán apenas quedan restos emergentes, lo conservado actualmente data del siglo XIV. Existen importantes tramos de muralla con algunas torres y puertas del recinto de la Almedina (Arco Oscuro, Arco de la Consolación).

A la caída del califato fue brutalmente saqueada por los beréberes que huían hacia el Sur, interrumpiendo así su creciente prosperidad. Mediante pacto, los musulmanes se entregaron a Fernando III en el año 1241.

Su situación fronteriza le ocasionó múltiples conflictos. Así, en 1300, Muhammad II sitió la Villa y ganó la mitad de la misma; la resistencia de los cristianos impidió su conquista y los musulmanes fueron expulsados. Esta situación se repitió en el año 1330, reinando el mismo rey andalusí, sin que tampoco se pudiera tomar la localidad.

El primer intento de someter a la villa al dominio cristiano fué en el año 1369. Este favor lo otrogó el rey Enrique II a Diego García de Toledo, pero el rechazo del pueblo provocó que esta orden quedara sin efecto. En 1386, ya con D. Juan I en la Corona, se le concedió esta merced a D. Diego Fernández de Córdoba que tuvo que imponerse ante la insumisión del pueblo en 1394. No sería sin embargo hasta 1401 cuando Fernández de Córdoba obtuvo la concesión definitiva del señorío, por parte de Enrique III.

Los señores de Baena, recibieron el título de Duques de Sessa en el primer cuarto del siglo XVI, en 1520, con ocasión del matrimonio entre Luis Fernández de Cordoba, Conde de Cabra y Señor de Baena, y Elvira Fernández de Córdoba, Duquesa de Sessa, llevando a cabo un mecenazgo sobre la villa que dió lugar a la construcción de sus más importantes monumentos.