Parque Arqueológico de Torreparedones

Carretera A-3125, PK.18
957671757. 607163787.
www.baena.es
museohistorico@ayto-baena.es

Horario:

Martes: Cerrado.
De Lunes, Miércoles a Domingo.
Horario apertura 10:00 a 14:00
El acceso al parque se cierra a las 13.00 horas.

Acceso hasta una hora antes del cierre.

Horarios especiales:

Cerrado el 25/12 y 1/1.
Semana Santa: Abierto todos los días.

Precio de las entradas: Entrada general 2€. / 1 € para grupos superiores a 10 personas, jubilados, pensionistas y menores de 12 años.

Visitas guiadas: La visita guiada ha de ser contratada con antelación en la oficina de información turística.

APP.(Play Store – Torreparedones). En el Parque Arqueológico de Torreparedones y en el Museo Histórico y Arqueológico, existe una aplicación para visitas individuales y un servicio de préstamo gratuito de tabletas con la APP.

EL PARQUE ARQUEOLÓGICO:

Gracias a las excavaciones arqueológicas, sabemos que al menos desde el II milenio a.n.e hasta el siglo XVI, la presencia humana en este asentamiento fue continuada, habiendo conocido su mayor explendor en las épocas ibérica y romana, al lograr la condición de colonia o municipio. La visita a Torreparedones es un paseo por 4000 años de historia, por una ciudad de nombre desconocido aunque los investigadores apuntan a que estamos en la colonia que Plinio mencionase como Ituci Virtus Iulia.

EL POBLADO PREHISTÓRICO.

Los primeros testimonios de la presencia humana en Torreparedones se remontan al Neolítico (fines de IV milenio a.n.e). Aqui se asentó una pequeña comunidad dedicada a la ganadería y a la agricultura de tipo cerealístico como evidencias, los molinos de mano y dientes de silex que se utilizaban para la siega.

EL OPPIDUM IBÉRICO.

Desde el s. VI a.n.e, Torreparedones se convirtió en un oppidum, es decir, en un poblado fortificado en altura, de los más destacados de la campiña cordobesa, alcanzando su máxima extensión. La ondulada meseta se rodeó de una potente muralla reforzada a intervalos regulares con torres que se proyectan hacia el exterior, ciñendo una superficie de 10,5 Has, siendo factible ya otorgarle el calificativo de ciudad.

EL SANTUARIO IBERO-ROMANO.

Localizado a extramuros del asentamiento, desde el s. III a.n.e al s. II d.n.e, los devotos acudieron al santuario atrídos por los poderes curativos asociados a la diosa Caelestis Juno Lucina venerada en este lugar. Identificada como diosa de la fertilidad, la mayor parte de los exvotos de Torreparedones se corresponden con representaciones de mujeres embarazadas implorando “un parto sin problemas”.

LA CIUDAD ROMANA.

La presencia humana está atestiguada desde la etapa republicana, habiéndose detectado la típica cerámica campaniense por toda la extensión del yacimiento. En época de Augusto, la ciudad adquirió un estatuto jurídico privilegiado como evidencian algunas inscripciones que mencionan cargos de la administración municipal (aediles, duoviri…).

Es muy probable que la ciudad no sea otra que la colonia inmune Ituci Virtus Iulia que Plinio el Viejo menciona en el Conventus Astigitanus. Durante todo el s.I d.n.e se llevó a cabo un notable desarrollo urbanístico del que empezamos a conocer algunos elementos como el foro en el que se advierten dos fases constructivas, correspondiendo la segunda a una reforma datada en la época de Tiberio, que conllevó la “marmorización” de la plaza forense y de parte de los edificios ubicados alrededor, el templo, los pórticos y la basílica.

Lo más significativo es la pavimentación de la plaza y su inscripción monumental con literae aureae que recuerda el nombre del evergeta responsable de la obra: Marco Junio Marcelo. También se ha excavado el macellum o mercado de la ciudad y unas termas.

LA PUERTA ORIENTAL.

Uno de los puntos de acceso a la ciudad a través de una muralla construida en torno al año 600 a.n.e, si bien sería en época romana cuando el primitivo muro fue seccionado con objeto de sustituir la puerta existente por una de mayores dimensiones, flanqueada a ambos lados por dos grandes torreones para la defensa. Dispone de dos aceras para los peatones y un sistema de doble puerta que dificultaría cualquier intento de asalto.

EL MERCADO ROMANO.

En el s. I d.n.e y situado junto al foro y dando fachada al décumano máximo se construyó el mercado público (macellum), uno de los escasos ejemplos de este tipo de edificios que se conocen en la Península Ibérica. En él se vendían productos alimenticios, especialmente carne de vacuno y pescado.

EL FORO.

El lugar público por excelencia de la ciudad romana estaba ocupado por el foro, el escaparate donde se reunía la asamblea del pueblo. Conventido con el tiempo en centro político, atrajo alrededor otros edificios civiles, administrativos, religiosos y económicos como el mercado o macellum. Esta plaza, de forma cuadrangular, ocupó 528 m2 con porticos columnados de Norte a Sur y destaca por una inscripción – la segunda conocida in situ en Hispania – con el nombre del personaje local que pagó la pavimentación de la plaza con losas de piedra. Al O está el Templo, al E. la Basílica y en el ángulo NO la Curia.

EL TEMPLO.

Rsponde al modelo de templa rostrata dotados de una plataforma o tribuna destinada a oradores, y que tienen una clara funcionalidad de carácter sacro y político.

Su planta era rectangular, con unas dimensiones de 15 metros de longitud por 9,40 metros de anchura. Dentro de esta planta se ha podido distinguir la estructura de la cella, también rectangular . El acceso sería por dos escaleras laterales documentadas en ambos lados de la plaza del foro. Aunque está muy arrasado se puede afirmar que se trataría de un templo periptero sine postico, con fachada tetrástila probablemente systila con fustes de 3 pies de diámetro. El modelo más característico es el templo dedicado a Divus Iulius, en pleno Foro Romano, en el lugar donde, supuestamente, fue cremado su cadáver, financiado personalmente por el propio Augusto quien lo inaguraría en agosto del año 29 a.d.n.e.

LA BASÍLICA CIVIL.

En dicho edificio se realizaban importantes operaciones comerciales pero, sobre todo, primaba la acción judicial. También servía como lugar de reunión de los ciudadanos para tratar diversos asuntos, protegidos de las inclemencias del tiempo. Es de planta rectangular con una superficie de unos 350 m2 dispuesta con el lado mayor en sentido norte-sur, de modo que cerraba la plaza por el lado oriental, quedando justo enfrente del templo. El pavimento, posiblemente de mármol, no se ha conservado pero si los 20 pilares que sustentaban las 20 columnas de la perístasis (8 x 4) que rodeaba la gran nave central disponía como mínimo de tres puertas de acceso desde la plaza del foro, una central más ancha y otras dos laterales. Tenía, como suele ser habitual en este tipo de construcciones, dos platas de altura, la primera con un orden jónico y la segunda con capiteles corintios.

LA ALDEA MEDIEVAL.

Tras el esplendor de la época romana alto imperial la ciudad fue perdiendo importancia de forma paulatina durante las épocas tardo antigua y visigoda. La presencia árabe está constatada desde el califato hasta el S XII como evicencia el material cerámico y numismático y a través de algunas estructuras murarias. Los documentos de la época denominan el lugar como Castro el Viejo.

EL CASTILLO.

Atalaya de la campiña cordobesa, el asentamiento de Torreparedones se reducía en la Baja Edad Media a una fortaleza de construcción cristiana concebida por su estratégica posición en la frontera castellano-nazarí. Es una obra ya cristiana de fines del SXIII o comienzos del S XIV. Los documentos de la época lo citan con el nombre de Castro el Viejo y sabemos que perteneció al rey Alfonso X quien lo donó a Fernán Alonso de Lastres en compensación por los servicios militares prestados durante la conquista, manteniendo así el papel estratégico que el lugar había tenido durante siglos. Tras un corto periodo de tiempo en poder señorial pasó a manos del concejo de la ciudad de Córdoba, institución encargada de nombrar a sus alcaides. Su despoblamiento se hizo realidad a finales del S XVI cuando pasó a ser propiedad de la ciudad de Córdoba. Su torre del homenaje se eleva a 580 metros sobre el nivel del mar convirtiéndose en la zona más alta de la Campiña. Desde allí se divisan 30 pueblos.

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