Historia

L os orígenes de la Urso prerromana se remontan hacia el I milenio a.C. Los tartesios y turdetanos dejaron bellas muestras de su arte y cultura como se refleja en la colección de esculturas ibéricas, de la que forma parte tanto el “Toro” como los “Relieves de Osuna”. Estas obras se pueden admirar tanto en el Museo Arqueológico Nacional como en la Torre del Agua, sede del Museo Arqueológico Local.

Durante la Guerra Civil Romana a finales del siglo I a. C, aparece asociada al bando de Pompeyo, en la Batalla de Munda a escasas millas de nuestra ciudad, convirtiéndose en el último reducto que resistió a Cesar. Tras la conquista, se le concedió el estatuto de Colonia Genitiva Iulia, por el que se permitía acuñar moneda. La legislación y ordenamiento cívico se recogen en “Los Bronces de Osuna”, considerados los restos más importantes conservados en el mundo de exposición pública de una ley romana. Además aún permanecen las ruinas del Teatro y Necrópolis hipogea que recorre un arco temporal que va desde el S.VII a.C. hasta la era visigoda.

Tras un periodo de tránsito en el que Osuna continua acercándose a la llanura, los musulmanes fortificarán la ciudad. De sus algo más de cinco siglos de dominio son una muestra los restos de la Alcazaba o la Torre del Agua. Alfonso X donó la villa a la Orden de Calatrava que asumió la defensa de la frontera.

Fecha clave para Osuna y su historia, es 1.464 cuando Pedro Girón cambia a los calatravos la localidad sevillana por la cordobesa Fuenteovejuna. El deseo de ascender en la escala nobiliaria fuerza a esta familia a acometer una remodelación del paisaje urbano, para hacer de Osuna una localidad monumental y, sobre todo, nobiliaria. En ello se empleó a fondo durante el S.XVI, el IV Conde de Ureña, Don Juan Téllez Girón, con la fundación de diferentes conventos.

El florecimiento cultural de la Villa se desarrolló también bajo el auspicio de los Téllez Girón, fundadores de la Universidad ursaonense. Osuna se convertía así en importante centro de encuentro de eruditos, artistas y literatos.

No solo fueron los edificios religiosos el reflejo de la prosperidad de Osuna, si no que a estas construcciones se agregaron pronto impresionantes palacios barrocos al amparo del resurgir económico de la segunda mitad del s. XVIII. De especial relevancia son el Palacio del Marqués de la Gomera y la Cilla del Cabildo de la Catedral de Sevilla, ambos en la calle San Pedro declarada una de las más bellas por la Unesco.

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